Parece mentira cómo se vive pasando del resto del mundo y en un segundo una persona es capaz de hundirte en la misería con un único comentario. Supongo que las cosas que más duelen son aquellas contra las que no puedes luchar, y sobre todo, cuando sucede con las palabras, aquellas que no puedes pronunciar, más que nada, por respeto a otras personas.
Siempre he medido mucho lo que digo, no creo que sea bueno decir tal cual lo que se piensa, y menos aún cuando se trata de hablar sobre otras personas; sin embargo, me llena de asombro ver como hay gente a la que le importa tan poco lo que tiene a su alrededor, que tiene tan poco respeto por aquellos que los quieren que sueltan retailas de pensamientos sin pararse a hablar consigo mismos antes de llenar el aire con necedades innecesarias.
Lo que más rabia me da de todo esto es el hecho de no poder hacer nada. Ya no por mi misma, porque me cuesta poco enfrentarme a quien me ha hecho daño, sino por el hecho de que, a veces, aunque no me importe lo más mínimo esa persona, sí que respeto a la otra que tiene al lado.
¡Qué bueno es saber callar en algunos momentos! Pero... hay que ver cuanto cuesta no mandar a alguien a la mierda cuando realmente lo sientes. Echo de menos el no ser a veces tan racional, y poder decir lo que pienso sobre ciertas personas...
Sin embargo, cuando hay otra gente por medio que si importa algo, es mejor callar, tragarse las palabras y, sonreir a su felicidad como si realmente pensases que, quien tiene al lado, se merece tal posición.
Da rabia, da ganas de romperlo todo, de gritar, de correr, de pegar al viento... y ahí se queda todo. ¡A callar!
>DESIDIA<

"Conozco la sonrisa brillante de las mañanas,
las tardes melladas, las desdentadas noches,
sé del aullar de gigantes en lumbres de aspa de molino,
sé del letargo de los sentidos entre el estruendo de monedas,
sé del néctar de las bocas y de su aliento en la nuca,
sé de las palabras inútiles como volutas de humo,
y de camas deshechas como lienzos desflorados,
sé de los bordes cortantes del canto herido
sé su demencial cordura
desconozco, sin embargo,
ese rostro vagamente familiar,
que me mira a cada instante...
.. desde el espejo. "
Introducción "el bueno, el feo y el malo" Albertucho
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